lunes, 1 de octubre de 2007

desvarios varios I (octubre 2006)

Escucho a Charly, estoy sentado frente al computador y me trato de concentrar para poder escribir algo… me es realmente difícil, hace un buen tiempo que no hago este ejercicio mental. Busco que decir, que plasmar en estas –ahora- cibernéticas hojas. Hace un rato sentado en mi cama fumando un cigarro pensaba en una historia interesante, quizás hablar de un poco de metafísica, al estilo… estoy frente al espejo, pero ¿soy yo realmente lo que la luz provoca como reflejo en aquel rectángulo que cuelga de la celeste pared del baño?… quizás desde ahí partir y mezclarlo con lo último que he estado leyendo, un sujeto llamado Feyerabend –ni la menor idea de como se pronuncia-, pero me resulta un poco “recargado”, y de cierta forma forzado. Me aburre Charly y busco otra cosa para escuchar…
No se si poner el nombre de la banda que estoy escuchando ahora, de todas formas siempre he encontrado bueno mezclar lecturas y música, lecturas livianas en todo caso; me costaría mucho leer por ejemplo “La crítica a la razón pura” escuchando motörhead. En fin de cuentas la banda se llama The Shins, es bastante buena, sirve para pintar las paredes internas de una casa, para tomarse la primera cerveza de la noche, o para escribir un cuento. A riesgo de que esto se convierta en una crítica musical –aunque a lo mejor eso es- me gustan los dulces sonidos que salen de las guitarras de este muy brit-pop grupo. Esta música me recuerda a un amigo, probablemente porque el me mostró a esta banda. El se encuentra lejos está ahora en Temuco, de seguro en los brazos de su chilota novia, juntos estudiamos Derecho –el lo sigue haciendo- y antes estuvimos juntos en la Media, junto a otro amigo que de hecho lo veré mañana, aunque esa frase suene a mucha normalidad, no lo es tanto en esta situación, yo estoy en Valparaíso y el en Temuco, también. A todo esto este segundo amigo no estudia Derecho sino Sociología, lo mismo que yo ahora, pero en esta ciudad, ajena, pero cada vez más cercana; ha de ser porque no es tan diferente a MI puerto querido. Acá vivo junto a mi novia, el amor de mi vida –“mi eterno verano”- y con dos compañeros más, que me van a tener que disculpar, pero con suerte son algo así como “un otoño poco duradero”. Con mi novia vamos para el tercer año de relación, ella me llena el alma y es realmente lo mejor que me ha pasado. Acaba de dar una vuelta el álbum.
Si bien me considero un hombre feliz, existen muchas cosas que me desagradan me dan, sinceramente, asco y bandas como la que estoy escuchando ahora me recuerdan que existen personas que son malévolas, que juegan con las personas, sus ilusiones, sus esperanzas, con su vida y cuerpo, me refiero a los Fiskales ad-hoc. Y me emputezco al recordar esa presión que día a día yo debo aguantar, los que mis drogas y mi vida quieren controlar, y mi manera de ser y mi manera de actuar. Es fácil notar, simplemente, desde la ventanilla de la micro, la diferenciación y segregación social a las que nos vemos enfrentados, gente pidiendo dinero, gente pidiendo comida, pidiendo trabajo, pidiendo salud, sueldos dignos, educación, amor, una casa, pidiendo migajas que en ningún caso deberían ser suplicas, sino más bien derechos inalienables a las personas. Me podrán decir que es fácil criticarlo todo sentado cómodamente desde la vereda del frente, pero prefiero hacer eso a creer que todo es superfluo y bueno. Igual estas canciones violentas y llenas de rabia, me trasladan a mi adolescencia, a la época en que se supone buscaba mi identidad –como si ahora sí supiera quien soy-, la irresponsablidad como mochila eterna al caminar por las calles de mi ciudad. Las “tocatas” el típico descontrol propio de ellas, las palabras y discursos muchas veces vacíos de contenido, pero con grandes cargas emotivas, y que por aquellos días parecían verdades absolutas. El Liceo y mi indiferencia hacia el y sus normas de conducta. La calle y los primeros cigarros y cervezas, sintiéndome grande al tener la capacidad de, ya a temprana edad, poder destruir mi cuerpo a mi antojo. En ningún caso me siento avergonzado de quien fui –y en cierta medida sigo siendo-, estoy seguro que de todo lo que alcance a vivir, y la gente que en algún momento conocí, de una u otra forma me sirvieron para ir creciendo, no como un niñito mimado, sino como un hombre con convicciones, en muchos casos, intransables. Como buena música punk, las canciones son cortas, y es hora de escuchar otra cosa.
Últimamente no me he sentido muy bien, me duele mucho la pierna izquierda, y me preocupa bastante no se que pueda ser lo que provoca este dolor, no me he caído, no me he golpeado, puede ser la falta de ejercicio, no lo sé; por suerte tengo hora al médico en una semana más, como están las cosas eso es como un “lo atiendo en un ratito”. ¡Mierda! el CD de Portishead esta rayado.
Me levanto a buscar otro CD -me gusta escribir cd en vez de CD, pero el computador se manda solo a veces- y aprovecho de estirar las piernas y mirar por la ventana, quedo sumido en silencio desde la privilegiada vista del cerro Monjas, el silencio se apodera de mi y solo soy capaz de ver los volantines encumbrándose desde algún recóndito rincón de las callecitas de Valparaíso, el movimiento casi imperceptible de las nubes en lo alto de un cielo muy azul, que pronto comienza a enrojecer en el horizonte, el mar gigante e imposible de dimensionar desde la ventana. Maúlla un gato a lo lejos, y se escucha el sonido tenue de un organillero quizás en calle Colón. Prendo un cigarro de aquellos que logras escuchar cuando el tabaco se quema lentamente. En eso llega mi novia de la “U”, me da un beso y un abrazo –viene agitada por subir la escalera del cerro- me pregunta que es lo que estoy haciendo le cuento que es un intento de cuento, lo lee dice que le gusta, pero que le falta más emoción,…es un poco plano. Me gusta su sinceridad me ayuda.
Pongo algo un poco más alegre, el “Casa Babilón” de Mano Negra. Se esta haciendo tarde, el tiempo vuela a veces. Aun no tengo claro que es lo que podría escribir, quizás mañana por la mañana siga intentándolo, aunque viene mi amigo y hay que recibirlo como corresponde, además el no conoce Valparaíso, se lo intentaré mostrar como pueda, con la pierna mala y todo. Parece que mañana hay paro de los micreros, ojalá eso no arruine mis planes, en todo caso me imagino que igual correrán los trolley.

No hay comentarios: