"La comida está primero, la moral viene después"
Javiera Mena, Hambre
Ante todo hay que entender a la figura del consumidor como de carne y hueso con diversas características económicas, sociales y culturales. En tal sentido, no podemos hablar de un consumidor en general, sino de distintos segmentos sociales de consumo. Como queda de manifiesto en el estudio "Factores que determinan la selección de alimento en sectores populares" de la Fundación Rodelillo, dependiente del Departamento de Nutrición, Facultad de Medicina, Universidad de Chile realizado por los académicos Marcelo Araya B. y Eduardo Atalah S. , el factor presominante a la hora de decidir la sencilla interrogante sobre el qué comer es el poder adquisitivo. Resulta casi evidente pensar en familias de escasos recursos ( el que en el estudio citado es de aproximadamente $26.000 per cápita mensual ) los patrones de consumo alimenticio están muy condicionados por la prioridad de satisfacer las necesidades de la familia, en general numerosas, con la menor cantidad de dinero posible, gasto que sinembargo asciende a más de la mitad del presupuesto familiar. Se puede concluir entonces que el consumidor de escasos recursos tiene en cuenta a la hora de elegir un alimento su precio.
Un segundo problema que se detecta a la hora de pensar por qué no se toman mejores decisiones alimenticias, es decir, porque no se puede comer rico, saludable y barato, está directamente relacionado con factores como la publicidad, la percepción sensorial (enraizada en una verdadera cultura de la golosina como recompensa), comodidad y rapidez característicos del fast food contemporáneo. Cabe preguntarse porqué estos factores calan tan hondo en los hábitos alimenticios de los consumidores, sobre todo de los de más escasos recursos. La respuesta cae por su propio peso: educación insuficiente. Esto es un doble aspecto: por una parte, bajo nivel de escolaridad (9 años) lo que sumado a la escasa educación alimentaria brindada por las escuelas y colegios crea perfectos "analfabetos alimenticios", u por otra, el carácter meramente postpatológico del rol del nutricionista en la práctica de los servicios de salud pública. Bajo estas condiciones y suponiendo que el consumidor efectivamente lea la información nutricional de los alimentos y no solo en su fecha de vencimiento resulta francamente dudoso que la entienda. Y es que sin una educación previa, la cantidad de calorías, hidratos de carbono disponibles , la concentración de sodio y otros micronutrientes, o a las diversas clasificaciones de las grasas, son del todo ininteligibles para el consumidor.
En conclusión, los hábitos alimenticios de nuestra sociedad se mejorarán en la medida en que se logren superar las abismantes diferencias sociales existentes : el hambre está primero que la salud y sin lugar a dudas, educar a la población en estas materias de forma eficiente. Respecto a este último punto, el estudio " Entrega de información nutricional y caracterización de la compra de alimentos en supermercados " realizado por el INTA refleja el cómo la población elige correctamente, guiándose en información nutricional explicada in situ.
...FRUTILLAS...

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